Luego de más de diez años de existencia, y una vez materializada cierta cantidad de empresas, Mediarte ha comenzado a volver sobre sí mismo reflexionando sobre su propio patrimonio.
En estas circunstancias ha encontrado muchos momentos interesantes, curiosos, tristes, felices. Ha reconocido algunas producciones acertadas, muchas errores. Se ha visto en la necesidad de justificar, de reconsiderar, de cambiar, incluso de olvidar y de empezar de nuevo su gestión cultural e intelectual.
Sin embargo, no es difícil ver una línea de conducta, una intuición fundamental, una pasión común. Se trata de una recurrencia sobre asuntos, autores, planteos formales, estratégicos y organizacionales. Mediarte parece entonces tener una vida propia que nadie, ni desde fuera ni desde dentro, puede ya torcer o desviar en gran manera y por mucho tiempo.
Uno de estos motivos sin duda es una deuda que todos tenemos en común y que sólo al principio, e ingenuamente, nos pareció una simple casualidad sin importancia. Todos hemos pasado por unas aulas en que habita una atmósfera intelectual dialógica, seductora y afectiva creada por una mujer excepcional.
Un rápido anecdotario podría poner al descubierto fácilmente, el lugar privilegiado de esta docente en la vida personal de cada uno de los miembros fundadores de Mediarte.
Cuántas veces una opinión al pasar nos moderó en nuestras exaltadas convicciones. Cuántas le dedicó horas a la penetración de un núcleo filosófico que a nosotros nos parecía, al principio, poco relevante. Hasta dónde no debemos gran parte de nuestras afinidades teóricas a su segura presencia áulica. Qué sería de nuestra pobre erudición sin su exigencia formal y qué hueca sería nuestra palabra sin el magma existencial que ella nos ha invitado siempre a dejar salir de nuestra boca.
Al final y ya intentando equilibrar estos favores nos hemos llegado a preguntar si la hemos citado lo suficiente. Algunos creen que sí, otros confesamos que no. Sea lo que fuere, la verdad es que la cita no sitúa del todo en el lugar de donde nacen sus intuiciones filosóficas fundamentales. Gabriela Rebok no es una escritora compulsiva. Quizá incluso, en su humildad no sepa hasta dónde su originalidad traspasa la supuesta interpretación de un pasaje clásico de la historia de la filosofía.
Una charla en un auto, un cometario en una reunión, una orientación oral en una clase, una respuesta irónica o una broma sobre un asunto "fundamental"...
Más allá de su voluminoso trayecto escrito, Mediarte le reconoce a esta mujer la presencia in-citable de su persona. Gabriela Rebok lleva a cuesta su sabiduría con una elegancia envidiable y modélica.
Esta es la circunstancia en que Mediarte reconoce en la persona y las enseñanzas de la profesora Gabriela Rebok su propia inspiración intelectual, moral y pedagógica.
Ahora bien, desde el punto de vista concreto de los contenidos abordados por Mediarte desde el punto de vista del contenido, y en relación con lo que es más evidente de nuestra producción, reconocemos:
1) Que Gabriela nos ofrece elementos que hacen de puente entre el pensamiento estético-filosófico clásico y académico y la coyuntura actual del arte y la filosofía cotemporánea, no necesariamente académica.
2) Que han sido y son de relevancia sus reflexiones en torno a la periodicidad (con base ontológica) de la historia de Occidente. El sentido que especifica cada una de sus épocas. La categoría de "vincularidad" como marco conceptual desde donde pensar los elementos constituyentes de cada una de estas épocas y su jerarquía.
3) Sus profundas exploraciones en torno de la figura de Antígona y "las antígonas"; de alguna manera un nueva forma de ser y pensar una eticidad dentro del contexto de un vínculo de "hermandad" renovado.
4) Las elucubraciones en torno a la tragicidad del mundo contemporáneo.
5) Toda la problemática del lugar que ocupa lo femenino en el discurso filosófico, el arte, la ética y la antropología contemporánea. Una especie de sensibilización sobre una cuestión impostergable por lo que llama a la presencia protagónica de lo femenino en la cultura.
6) Sin duda la filosofía alemana ha tomado en sus clases un lugar privilegiado. De ahí hemos tomado nosotros gran parte de nuestras fundamentaciones filosóficas últimas, en especial en lo referente a los asuntos contemporáneos donde se destacan las enseñanzas en torno a las figuras de Hegel a Heidegger.
7) En cuanto al abordaje estético ontológico de la obra de arte, sus enseñanzas nos guiaron en la consideración de la obra de arte como núcleo para pensar el sentido del ser.
Desde el punto de vista institucional Gabriela se ha comportado, sin nosotros perdírselo, como una embajadora de nuestros proyectos, acercándolos a instituciones y personas, consiguiendo con ello beneficios de todo tipo: desde trabajo, hasta foros donde expresar nuestras convicciones pasando por la obtención de becas en el exterior, etc.
A estas gestiones amistosas ha sumado su participación efectiva en congresos, conferencias, talleres y encuentros festivos de Mediarte, ha colaborado en lecturas, presentaciones de libros, etc. Lo más importante es que también ha sido quien más nos ha alentado en nuestros proyectos.
Debido a que como pensadora y maestra la influencia de Gabriela Rebok atraviesa la historia de Mediarte es que nos parece importante aclarar ahora el lugar específico en que su obra y su vida juegan un papel en el proceso de institucionalización de nuestras prácticas. La importancia del pensamiento de Gabriela Rebok en Mediarte puede sintetizarse en varios puntos:
1) Marca una medida, un nivel composicional al que se debe aspirar si se quiere realizar un discurso de orden filosófico dentro de Mediarte.
2) Gabriela sitúa sus reflexiones dentro de un contexto intelectual universal al que Mediarte no puede desconocer ni eludir, sino por el contrario comprender antes de emprender un discurso propio de tipo polémico o innovador.
3) Permite ingresar dentro de una periodización de la historia universal y filosófica de gran amplitud, sin cortes arbitrarios ni dogmáticos, y en el que ingresan todos los pensadores esenciales en una equilibrada valoración.
4) Es de vital importancia la consideración de Gabriela en torno a la filosofía contemporánea. No se puede dar un paso sin confrontar su consideración de la misma en torno a las figuras que ella ha estudiado y sistematizado como promotores de la actual sensibilidad epocal: Hölderlin, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger, Vattimo, etc.
5) Lo importante aquí es que como grupo de investigación y producción, Mediarte no comienza de la nada sino se atiene a una tradición intelectual argentina. En nuestro caso y como representante de todos ellos se ha considerado tempranamente a la filosofía de Gabriela Rebok como la que mejor cuadra a una aspiración reflexiva pluralista pero a su vez con vocación histórica.
6) En este sentido es que Mediarte manifiesta un estilo grupal de colaboración que pretende conformar una escuela de pensamiento, con todo lo que esto supone de convergencias sobre núcleos temáticos, metodológicos y estratégicos que hagan posible un pensar en común.
7) El papel de Gabriela Rebok en este contexto específico es, respecto del pasado, el de devolvernos las raíces filosóficas tradicionales olvidadas, demasiado resemantizadas o ideológicamente ocultadas por estas filosofías precedentes; y hacia adelante, convertirse en un corpus desde donde avisorar nuevos caminos y posibilidades para un pensar sobre el presente y el futuro.
Todo este reconocimiento del lugar que ocupa Gabriela Rebok en nuestra vida institucional no la compromete en nada respecto de los desaciertos, las idas y venidas, las mezquindades que puedan habitar entre nosotros como en todo grupo humano. En ella reconocemos sólo lo mejor de nosotros gracias, entre otros motivos, a su propia voluntad de comunicación que se expande más allá de Mediarte a otros sujetos, a otros grupos y en general en todas las instituciones en las que participa.
A ella entonces, simplemente gracias y hasta pronto.