ÉTICA Y ORDEN SIMBÓLICO ¿HAY UNA LEGALIDAD DEL MAL?
Lic. Gerardo R. Wehinger
Resumen: El presente artículo tematiza la función del Mal en la figura de Mefistófeles, en el Fausto de J.W.v. Goethe. El Mal es expuesto desde su violencia hacia todo vínculo, promoviendo así a la destrucción del orden simbólico establecido (en este caso cristalizado, caduco) pero posibilitando al mismo tiempo la labor creativa de uno nuevo.
Ante la amplitud del tema que hoy nos convoca (1), se impone como primer paso una restricción del tema. No trataremos el tema del mal y su legalidad o no en forma amplia y general, sino que intentaremos decir algo en relación a la función del mal en la instauración de un nuevo ethos u orden simbólico. Esto, y para ganar en claridad, focalizado en una obra como lo es el Fausto de J. W. v. Goethe (2).
La simpatía Dios - Mefistófeles
Para comenzar aclararemos de entrada un poco algunos rasgos de este Mefistófeles y su (simpática) relación con Dios, y con Fausto. Echemos un vistazo a qué es lo que sucede al comienzo de la obra Fausto, allí en el cielo:
Prólogo en el cielo:
El Señor: [...]
De todos los espíritus negadores,
Es el Maligno quien menos me molesta.
La actividad del hombre se adormece con demasiada facilidad,
Pronto se complace en el reposo incondicionado;
Por eso le doy gustoso un compañero
Quien le aguijonea y estimula, y le haga de diablo. (3)
Por lo demás, esta simpatía mostrada por Dios hacia Mefistófeles, es reciproca:
Mefistófeles: De vez en cuando me agrada ver al Viejo;
Y me guardo de romper con él. (4)
En el conjunto de la obra de Goethe esta simpatía se hace comprensible (5). Mefistófeles estimula la actividad humana. Para Goethe, el mal, lo mismo que el error, son productivos. "Si no cometes errores, no obtendrás la comprensión" dice Mefistófeles a Homúnculos (6). Goethe confiaba a Eckermann que "la contradicción nos hace productivos"; y en su Máxima Nº 85, anotaba: "A veces no comprendemos cómo un error es capaz de movernos y de incitarnos a la acción con la misma fuerza que lo haría una verdad".
Dentro de la concepción de Goethe, Mefistófeles es el que niega e intenta detener el flujo de la vida e impide que las cosas se realicen. Así, Mefistófeles "Es el padre de todos los impedimentos" (7).
Mircea Eliade, en su texto Mefistófeles y el Andrógino, señala una amplísima serie de leyendas y cuentos populares en los que dá cuenta de esta relación de opuestos como lo son Dios-Satán, Bien-Mal, Día-Noche, etc.; generalmente representados por personajes mitológicos. Habría, en el fondo, una intención de justificar la presencia del Mal en oposición y simpatía con el Bien; casi una íntima correspondencia de seducción y rivalidad en la que el Mal es independiente del Bien (Dios), pero donde a su vez se relacionan entre sí.
Schelling (8) distingue la existencia de Dios del fundamento de la misma. Todo lo que existe tiene un fundamento, sólo que en Dios el fundamento o causa de su existencia es él mismo. Dios lleva en sí mismo el fundamento de su existencia. El fundamento no es Dios sino lo no divino en Dios, la naturaleza en Dios.
Aquel fundamento es también el fundamento de todo lo existente, también es origen del mal.
"A partir de este supuesto fundamental Schelling distingue, en todos los seres finitos, la oscura voluntad particular y la voluntad universal. La primera está subordinada a la segunda, y esto define el bien, con lo cual se condiciona el desarrollo de una forma más baja a una más alta" (9). El hombre es portador de ambos principios en aguda y tensa disyunción; así, está en él la posibilidad de elegir el bien o el mal. El bien se traduce en el predominio de la voluntad universal y racional sobre la particular; el mal corresponde a la inversión de estos principios.
Vale decir entonces que el mal no procede de Dios en su actualidad sino del fundamento de él. La tolerancia divina consiste entonces en dejar actuar este fundamento.
Habría un mal universal advenido como reacción del fundamento primitivo en el comienzo de la revelación de Dios; de ahí se entiende en el hombre esta inclinación natural hacia el mal. En el hombre individual continúa obrando incesantemente el fundamento primitivo y conmueve (excita) a la voluntad particular.
El hombre ha sido creado en la voluntad universal, pero la angustia de la vida lo ha llevado a abandonar este centro potenciando la voluntad particular más que la universal por querer permanecer en su particularidad. He aquí la tragedia del hombre, el que ha de vivir en esta posición entre naturaleza y espíritu, las dos potencias en lucha eterna; posición al mismo tiempo privilegiada entre todos los entes creados (10).
Schelling -comenta Astrada- ha expresado con profundidad y belleza el destino de la finitud humana, de la que nos dice que ella puede gozar del ser sólo en el no ser, y es por ello objeto de una más grande, pero más noble tristeza -melancolía-. Así, en tanto que el hombre trata de afirmarse en la máxima libertad posible, este infortunio del ser es superado debido a que se lo toma y se lo siente como no ser (11).
En Fausto se patentiza este pathos en cuanto anhelando el Todo, y el comprender: "¡Cómo todo en el Todo se entreteje" (12). Lo quiere comprender desde su propia finitud, encarando incluso obras finitas. Las obras, y esto bien lo saben los artistas, jamás llegan a dar plenamente sentido del fundamento del que proceden. En este sentido, también todo orden simbólico será definitivamente finito.
Quién es Mefistófeles
La pregunta que se nos impone ahora es: ¿quién es este Mefistófeles?. Así, dejemos que Fausto mismo la formule...
Fausto: -[...]¿quién eres?
Mefistófeles: -Parte soy de esa fuerza que pretende
Siempre lo malo, y siempre hace lo bueno.
Fausto -¿Qué quiere decir esa adivinanza?
Mefistófeles -¡El espíritu soy que siempre niega!
Y con razón, pues todo lo que nace
Merece sólo ser aniquilado;
Mejor sería, pues, que no naciera.
Y así, cuanto soléis llamar pecado,
Destrucción, o, abreviando, solo, El Mal,
Es mi elemento propio.
Fausto -¿Te llamas parte, pero estás entero?
Mefistófeles -Digo la verdad pura.
Aunque el hombre, mundillo de locura,
Suele tenerse por un todo entero,
Soy parte de esa parte que fue todo
Al principio, una parte de la oscuridad
Que a la luz parió, la luz soberbia,
Que disputa a la Madre-Noche el espacio
Y el rango, sin lograrlo aunque se esfuerce [...] (13)
A la pregunta de Fausto por ¿quién eres?, Mefistófeles se presenta desde tres aspectos: como parte o particularismo; como la actividad de la destrucción; y finalmente como un materialismo ligado a lo corporal. Interceptando el pasaje en su metáfora, reconocemos a Mefistófeles no como el "diablo", el otro externo que enfrenta a Fausto, sino como una dimensión esencial de Fausto mismo. Así, la disputa con Mefistófeles se constituye en una disputa interna, proceso en Fausto mismo donde el aspecto mefistofélico se hace consciente. Cada una de las tendencias se manifiesta como contraria y al mismo tiempo excitante de una determinada característica fundamental de Fausto:
-El ser una parte del todo; es más, "una parte de la parte", niega el ímpetu (Streben) de Fausto hacia el Todo. Aquel anhelo que va desde el afán del sabio por comprender "¡Cómo todo en el Todo se entreteje," hasta la decisión del viajero a hacerse por el mundo para constatar qué le corresponde o es dado a toda la humanidad (14).
-La tendencia a la destrucción niega el aspecto creativo, constructor, en Fausto. O quizá sea más acertado decir, como veremos enseguida, que lo complementa.
-Y el aspecto mefistofélico de la reducción a la materia, lo corporal, contraviene el anhelo de lo alto y espiritual en Fausto. Metáfora de la "inversión" de la que nos habla Schelling.
Esta introspección que pregunta por lo otro en sí mismo y que emerge ante la pregunta: "Y bien, quien eres?", estaría dando cuenta finalmente de algo más fundamental: no hay creación sin destrucción, no hay todo sin parte, no hay luz sin materia, no hay Bien sin Mal.
Justamente, la primera respuesta de Mefistófeles: "Parte soy de esa fuerza que pretende / Siempre lo malo, y siempre hace lo bueno." Genera de parte de Fausto un pedido de explicación que, como vimos, será dada: -"¡El espíritu soy que siempre niega! / Y con razón, pues todo lo que nace / Merece sólo ser aniquilado; / Mejor sería, pues, que no naciera. / Y así, cuanto soléis llamar pecado, / Destrucción, o, abreviando, solo, El Mal, / Es mi elemento propio."
Este Mal está lejos de ser un mal moral. El Mal como "fuerza" es aquella que posibilita y propicia una nueva producción, una nueva creación; ya que la creación, la producción de lo nuevo presupone la destrucción, la desintegración. Por eso es que el Señor en el "Prólogo en el cielo" dice que el diablo, como destructor, deberá ser "creador" -und muss als Teufel schaffen- (15).
Ambigüedad de la violencia -Gewalt-: Destrucción y creación.
Visto y tematizado desde la Antropología de la vincularidad, la actividad de Mefistófeles es una actividad violenta. En su comunicación "Antropología de la Violencia", la Lic. María Gabriela Rebok dedica un subtítulo a esta cuestión. Allí dice que:
Unida a los núcleos energéticos de lo real, la VIOLENCIA es tanto la sobredeterminación patológica de la fuerza y del poder como el horizonte de su agotamiento definitivo. La violencia irrumpe con la acción de violar. Lo que se viola es precisamente el núcleo ético en que se funda la dignidad humana: la libertad creadora y la vida en tanto vida humana, vale decir, vincular. Ambas cuestiones son estrictamente conexas y se alimentan entre sí. (16)
Poco más adelante agrega, siguiendo a Nietzsche, que la violencia, como NIHILISMO "...alcanza su cima con la nada de voluntad que se trasunta en los síntomas de agotamiento (Erschöpfung), desgano, cansancio, cobardía, debilidad y hasta la tan burguesamente valorada comodidad." (17)
En su relación con Fausto, en el fondo, lo que Mefistófeles precisamente quiere lograr es que aquel se detenga; "Verweile doch!", es la fórmula de inspiración Mefistofélica por excelencia.
Y justamente de esto trata la tan mentada "apuesta" entre Fausto y Mefistófeles:
Fausto: Si un día en paz me tiendo en un lecho de ocio,
Me da igual lo que pueda ser de mí.
[...]
Si a un instante le digo alguna vez:
¡Detente, eres tan bello!,
puedes atarme entonces con cadenas;
y acepto hundirme entonces de buen grado;
puede doblar entonces la campana de los muertos,
y libre quedarás de mi servicio:
¡párese allí el reloj, caigan las agujas!
¡puede acabar el tiempo para mi! (18)
Mefistófeles sabe que en el momento en que Fausto se detenga habrá perdido su alma. Pero la detención no es la negación del creador, sino de la vida, su principal creación. En lugar del movimiento y de la vida, se esfuerza en imponer el reposo, la inmovilidad, la muerte.
Y sin embargo, aunque Mefistófeles se opone al flujo de la vida por todos los medios, al propio tiempo la estimula; aquí la clave de interpretación a los enigmáticos versos: "Parte soy de esa fuerza que pretende / Siempre lo malo, y siempre hace lo bueno."
Finalmente, la violencia afecta las cuatro modalidades de la vincularidad (19). Estas son: la relación hombre-naturaleza, hombre-Dios, la relación del hombre consigo mismo y la de hombre-hombre. La violencia es, aquí, el fracaso de los vínculos. El hombre mismo se nos presenta como el más violento y terrible (deinóteros) -Rebok señala aquí la Antígona de Sófocles-, cuando desboca su capacidad depredadora y su poder de dominio (20).
Pero la violencia -Gewalt-, ambivalente, también tiene su función en la actividad creadora.
Nada es al parecer tan violento como la actividad del artista: "[...] violencia debe ejercer en primer lugar el hombre para no dejar de ser hombre; porque es el único ser que no se sigue naturalmente de sí mismo [...].El arte expresa mejor que ninguna otra experiencia, la dimensión violenta de la existencia humana auténtica.[...]. La violencia es la provocación por la cual el sentido hace acto de presencia [...]" (21).
Así, el hombre parece ser lo más pavoroso, también esto es dicho en Antígona; y esto lo dice el coro que ve al hombre desde el punto de vista de la originaria forma de existencia como creadora (22).
Nosotros relacionamos esto con el ocaso de la modernidad, época en que habría que situar a Fausto, especialmente al de la parte IIª.
En Provocando lo sagrado se afirma que fueron los artistas de vanguardia los que "[...] desmontaron el andamiaje representativo del arte clásico [...] inaugurando una deconstrucción del sentido metafísico moderno que se suma a una exigencia reconstructiva y creadora." (23).
Esta reconstrucción del sentido la realiza el artista, bebiendo en fuentes más profundas, y "[...] confía en esta apertura intuyendo que este es el punto de vista ontológico fundamental. Visión inestable y oscilante en la que se muestra primitivamente el mundo. Esto hace sentir a la época la precariedad, contingencia e inestabilidad de su existencia, pero también posibilita una nueva autenticidad, rompiendo con la anterior visión del mundo [...]. De ahí que se proponga resignificar a una sociedad cristalizada en un pasado obsoleto, que se despliegan en formas sociales que ahogan la vida. Su apología de lo bárbaro corresponde al deseo de alcanzar un suelo más profundo donde montar un orden social." (24).
Así, violentamente será destruido todo orden simbólico cristalizado, ya ilegítimo, caduco. Y violentamente será instalado, desde el fundamento y por la actividad creadora, todo nuevo ethos u orden simbólico.
Nietzsche relaciona lo eterno creador con lo eterno destructor ligado al dolor -das Ewig-schaffende als das ewig-Zerstören-Müssende gebunden an den Schmerz-. Y en este sentido sostiene que "Lo feo es la forma de observar las cosas bajo la voluntad de poner un nuevo sentido en lo devenido sinsentido. Esto es la fuerza acumulada que obliga al creador -Schaffenden- a sentir lo actual como insostenible, deforme, negable, feo" (25).
Finalizando...
Sólo un espíritu artístico puede hacer una crítica al orden social, porque "[...] sólo él tiene oídos para sus contradicciones o, en sentido alegórico, contracciones, como lo premonitorio en el parto. Y, por esta razón, sólo es el arte el que realiza el primordial obrar crítico sobre el orden social humano sin dar explicaciones, porque sólo él bebe en fuentes de la experiencia más originaria y justificadora de todo nuevo orden mundano." (26).
Fausto comparte este espíritu artístico, pero no podríamos decir que es un verdadero creador e instaurador de nuevo sentido o, para decirlo en relación al tema que hoy nos convoca, de un nuevo orden simbólico. Su pathos tiene más que ver con el de un artista de fin de época; relacionado a un mundo caduco, a un orden simbólico ya no vigente, pathos negador en el que la función del mal es más explícita y evidente, ya que éste potencia su función hacia todo fin de época.
Así, mientras que la obra de arte obra la emergencia de una nueva legalidad desde el fundamento, la legalidad del mal es negatividad, negatividad ante lo creado deconstruyendo, en su afán de destrucción, la trama de un orden ya sin-sentido.
NOTAS
1.- La presente comunicación fue presentada al público en una conferencia organizada por "ESPACIO Y...lugar cultural", Laprida 1963, Cap. Fed., el 4 de julio de 2002. El motivo de la conferencia fue: Ética y Orden simbólico; disertaron además: Lic. Ricardo Pobierzym: Legalidad vinculada a la naturaleza y Prof. Javier Sanguinetti: La ética y la estética.
2.- La trama de este relato es generalmente conocida. Nosotros utilizamos la edición académica: Goethes Werke, Band III (Hamburger Ausgabe). Textkritisch durchgesehen und kommentiert von Erich Trunz. Citaremos por el número del verso.
3.- J.W.v.GOETHE; Fausto, 338-343
4.- Idem, 350-351
5.- Cfr. M. ELIADE; Mefistófeles y el Andrógino, ed. Guadarrama, Madrid, 1962. pp 98 ss. Tradujo al castellano Fabian Garcia-Prieto, del original: Mephistopheles et L´Androgyne, Éditions Gallimard, París, 1962
6.- J.W.v.GOETHE; Fausto, 7847
7.- Idem; 6209
8.- Cfr. CARLOS ASTRADA; "Estudio preliminar sobre la filosofía de Schelling", estudio introductorio al texto de F. Schelling: Sobre la esencia de la libertad humana. Juárez Editor, Bs. As, 1969. Tr. Arturo Altman, del alemán: Über das wesen der menschlichen Freiheit (1809). Nosotros seguimos aquel estudio en lo que digamos sobre Schelling.
9.- Idem, p.47
10.- Cfr. Idem, pp. 46 ss
11.- Cfr. Idem, p. 64
12.- J.W.v.Goethe; Fausto, 447
13.- Idem, 1334-1352
14.- Cfr. Idem, 1770
15.- Cfr. Idem, 343
16.- M. G. REBOK; "Antropología de la violencia", en Escritos de Filosofía (Buenos Aires, 1982), nº 10, p 14
17.- Idem, p. 14
18.- J.W.v.GOETHE; Fausto, 1692 ss
19.- Cfr. M.G.REBOK; "Propuestas de una antropología desde la vincularidad". En Actas del III Congreso Nacional de Filosofía, U.B.A., Buenos Aires, 1982, T.II . La violencia ejercida por Mefistófeles en este sentido (como destructor de vínculos) es rastreable en innumerables ejemplos a lo largo de todo el Fausto.
20.- Cfr. M. G. REBOK; Antropología de la violencia, p. 20
21.- JAVIER O. SANGUINETTI; Provocando lo sagrado I -La dimensión trágica del ser-, Mediarte Ediciones, Buenos Aires, 1999, p. 341
22.- Idem, p. 342
23.- Idem, p. 445
24.- Idem, p. 446
25.- F. NIETZSCHE; Nachgelassene Fragmente, 1885/86. La traducción-adaptación es mía.
26.- J.O.SANGUINETTI; op.cit., p. 482