LA RELACIÓN ENTRE TIEMPO Y SER Y EL LUGAR DEL ARTE
Javier Sanguinetti
Me pregunto: ¿Por qué el arte termina siendo una mera expresión de una historia que se constituye más allá del arte, antes del arte, en otro lugar donde el arte no tiene nada que ver?
Me pregunto: ¿Por qué los artistas están en un lugar tan relegado con respecto del compromiso histórico, de la constitución de la historia?
Parece ser que la historia se constituye por las relaciones económicas, por la Economía en general, por el orden material y social o político. Frente a esto, el arte sólo viene finalmente como un decorado último a expresar de una manera decorativa, como ocurre con las ilustraciones al final de los libros, donde después de explicar, por ejemplo, la historia desde el punto de vista sociológico o político, insertan una imagen fotográfica de una pintura que se supone representativa de todo eso.
Pero así, el arte nunca fue el motor de la historia. Para el historiador que hizo historia, el arte nunca fue una fuente para hacer historiografía, sino que simplemente después de estudiarlo en un campo donde el arte no tiene nada que ver, viene a decirnos que esta foto, esta imagen, representa todo aquello que él encontró en otro lugar.
Todo esto me preocupó, me parecía que era degradante para el arte, que era degradante para la historia también y la historiografía en general, creer que el arte no es una fuente realmente importante para concebir la historia, para comprenderla, etc. Dicho así, muy esquemáticamente, uno puede ir a ver en el mundo griego y encontrarse que hacían la guerra- también hacían la guerra los medievales y la hacemos hoy- pero el sentido que tenía la guerra para los griegos no es el mismo para los medievales, y eso no se deja ver tan fácilmente en un momento de cualquier tipo de fuente, y esto quizás se ve mucho mejor en el arte. Entonces, el arte expuso mejor que cualquier otra fuente el sentido de la vida de los pueblos. Esto es muy importante.
Pero aún es más importante pensar que el arte es productivo desde el punto de vista simbólico y material, es decir es productivo respecto de la historia. No viene al final de la historia a expresar una historia hecha antes que el arte, sino que desde el comienzo el arte produce historia, hace historia, y entonces tranquilamente cualquiera de mis libros se podría llamar “Cuando el arte hace historia”. Es decir, mirar el arte en los momentos inaugurales en que no solamente explica un sentido, sino que inaugura un sentido que le da cierta continuidad a la historia, por lo que entonces podemos decir, contrariamente a aquellos historiadores, que el arte es motor de la historia.
La clave con la que estoy trabajando en casi todas las obras y la que estamos pensando con Mediarte y que además no considero ideas geniales mías sino que son parte de una tradición de Mediarte vinculada con una maestra que es Gabriela Rebok, una profesora de quien yo aprendí casi lo más importante de lo que sé, y detrás de ella toda la historia de la filosofía y del arte, especialmente Martín Heidegger.
En principio debemos observar la importancia de poner el arte ya en un lugar de prestigio de la historia, en el sentido de las fuentes históricas.
El otro tema que tiene que ver con algunas ideas que Mariana [Leconte] comentó, es la idea de abismo, la de señal, etc., yo voy a tratar de explicar esta idea de abismo que es tan compleja.
Desde el punto de vista abstracto la filosofía lo pensó mucho, el mismo Heidegger, sobre qué quiere decir que el artista crea desde un abismo o que el sentido emerge desde un abismo.
En Provocando Lo Sagrado (I) [ver Mediarte Ediciones] se hace una referencia muy extensa sobre la dimensión trágica del ser y sobre cómo mana esa forma de sentir típicamente griega en el sentido trágico, y cómo la tragedia o lo trágico hace historia y le da continuidad al mundo griego. Aquí se dilucida sobre aquellas razones que hacen que un historiador pueda decir: “éstos son griegos y son griegos desde acá hasta acá”, porque a pesar de todas sus diferencias históricas hay algo que los mantiene siendo lo mismo. Eso mismo es lo trágico, el sentido trágico de la existencia. Hecho que hace incluso que haya cortes históricos muy problemáticos. Decir que “lo trágico termina en el siglo V en el mundo griego”, y que después vienen Platón y Aristóteles. Decir que “Platón y Aristóteles no son trágicos”, y por lo tanto, que están fuera de la historia griega, son juicios más que importantes para la Historia del Arte o para una semántica ontológica fuerte. Quizás el historiador deba reconsiderar la historia griega porque quizás la Atenas griega del siglo IV hizo un cambio muy fuerte pero que a veces no se dejó ver si es que yo voy solamente a fuentes económicas o sociales, etc.
Entonces, lo que quería decir es que ese abismo no es un lugar fácil de acceder porque no hay un sujeto que pueda acceder a ese ámbito, porque es ese ámbito el que creó subjetividad, entonces es anterior a los hombres, es anterior a los dioses, es anterior a la concepción que yo pueda tener de la naturaleza. Es un lugar mítico. Mítico quiere decir que yo puedo, desde la historiografía rastrear el orden trágico y tarde o temprano me encuentro con un abismo, porque ya no me encuentro con documentos históricos claros que expongan en dónde fue naciendo este sentido de la existencia; y esto no lo rastreo yo solamente en el mundo griego, lo puedo rastrear también en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, hoy podemos preguntarnos: ¿Cuándo nacen exactamente los medios de comunicación? Yo podría creer que con Edison empieza el fonógrafo, y que con él empiezan los medios de comunicación. Pero no es tan fácil, porque en realidad Edison se puso a pensar dentro de un contexto que está más allá de su propia subjetividad. Esa subjetividad habría -de alguna manera- sido conformada en una estructura de pensamiento anterior a él, que incluso se vincula con las vanguardias artísticas, etc., con un mundo que está emergiendo y que estaba constituyendo toda una concepción del artista, del técnico, del contemplador, etc. Este ámbito anterior es irrelevable desde el punto de vista historiográfico y entonces, por eso, es un abismo también. Es un abismo porque vaya a saber cuándo empezaron los comportamientos humanos a darse de tal manera que cuando me quise dar cuenta había un fonógrafo arriba de mi mesa y yo estaba escuchando música. Lo que pasa es que lo único que me queda es la cosa, quién la invento, etc., pero me olvido que la constitución de un aparato como el fonógrafo está en íntima relación con un lugar de apertura más originario donde está también el uso, el usuario. En el 2º capítulo de este libro yo trato de demostrar que los medios de comunicación no son la hechura de algún técnico, sino que en realidad los técnicos le dieron forma a una serie de descubrimientos, algunos de ellos científicos, algunos más tempranos, otros más tardíos, pero que esa forma final se fue dando en un ida y vuelta con el usuario que tenía su propia historia, sus propios deseos, sus propios intereses, etc. Y rastrear cuándo fue el momento en que los medios de comunicación emergieron, de un día para el otro, al parecer, no es tan fácil. Eso es un abismo. Es irrastreable desde el punto de vista historiográfico. Muy complejos son los mecanismos microfísicos en donde los sujetos individuales y en comunidad fueron creando una serie de comportamientos que hizo posible que finalmente se dieran los medios de comunicación, y que se dieran de determinada manera.
Concretamente, los medios de comunicación tal como los trabajo en este libro, para mí se fueron dando no en Europa, como generalmente se los piensa, sino en Estados Unidos, porque ahí se dieron las condiciones para que la forma final de los medios de comunicación sea la forma que hoy conocemos. La forma que hoy conocemos de los medios masivos de comunicación es una forma típicamente norteamericana. Yo creo que los medios masivos de comunicación no median ninguna cultura anterior a los medios mismos, sino que ellos son un medio para mediar una cultura que es mediática. Es decir, el jazz nace con los medios masivos de comunicación, en cambio si yo sintonizo una radio para escuchar una ópera, como hacen en general en Europa, la utilización de los medios europeos, es un medio de comunicación de una cultura anterior, en cambio los Estados Unidos hicieron una mediación de una cultura que fue emergiendo con los medios mismos y eso hizo posible una de las tesis fundamentales de este libro, que es un corte desde el punto de vista semántico-ontológico. Este libro hace referencia que hubo alguna vez un mundo griego que tenía una concepción trágica de la existencia; hoy tenemos una nueva constitución del sentido que está íntimamente vinculada con un corrimiento espiritual, topológico-espiritual de Europa a América. Entonces, cuando hay que pensar los medios masivos de comunicación hay que hacer un esfuerzo, quizá lleno de prejuicios, pero yo no puedo rastrear la constitución de los medios masivos de comunicación sino dentro de un contexto histórico y geográfico norteamericano de fin del siglo XIX y principios del XX.
(A continuación Javier sigue hablando de su libro, de cómo hay que leerlo para entenderlo, del recorrido que se propone).
Algunas de estas ideas se tratan en una entrevista realizada en torno al libro
[Ver Entrevista].