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PRODUCCIONES

 

Cuestiones de interculturalidad:
un desafío a nuestro tiempo

Prólogo de Provocando Lo Sagrado (1)
-La dimensión trágica del ser

De camino al núcleo creador de
sentido histórico

Vigencia de la dimensión estético-ontológica trágica

El arte, ese mecanismo de
provocación de lo sagrado

Los medios de comunicación
como obra de arte

Los medios de comunicación
como género discursivo estético
onto-semántico contemporáneo

La relación entre tiempo y ser
y el lugar del arte.

Ética y orden simbólico
¿Hay una legalidad del mal?

Téchne - Una investigación del significado de téchne desde M. Heidegger

Ubicación topo-temporal de Fausto
(En la escena “Nacht”)

Puesta a prueba de algunas perspectivas estéticas a partir de la Antropología de la Vincularidad
de Gabriela Rebok
sobre algunos textos de Olga Orozco

Contribución de Rayuela
de Julio Cortázar
al Pensamiento Latinoamericano

Dilucidación de criterios de interpretación hermenéutica
a partir de Paul Ricoeur
sobre algunos textos de Olga Orozco

Vida y obra poética de Olga Orozco

Elaboración histórico-genética del nihilismo europeo y la recepción heideggeriana como olvido del ser

Glosas poiéticas

Ojos

Zenón

A la encantada del bosque

El ábaco infinito

La mueca del ángel

Concepto de barbarie
en el pensamiento de Rodolfo Kusch

La tesis del Saber Inmediato:
Jacobi en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas de Hegel

Nietzsche intempestivo: Sus ideas sobre la historia como condición de posibilidad para la subjetividad -desde Intempestivas II

Tres tesis de Culturas y estéticas contemporáneas, y un supuesto:
la estética-ontológica
de Martin Heidegger

En torno a La sagrada Familia
de Gaudí

Alicia a través del espejo

El engaño desde el desengaño
y el sin- sentido

El engaño de la conciencia fundada
en sí y la posibilidad del desengaño

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRODUCCIONES

 
Los siguientes son textos que de una u otra manera se imbrincan en la investigación en torno al núcleo teórico que se sigue gestando en el seno de Mediarte Estudios

 

TRES TESIS DE CULTURAS Y ESTÉTICAS CONTEMPORÁNEAS, Y UN SUPUESTO:
LA ESTÉTICA-ONTOLÓGICA DE MARTIN HEIDEGGER
Lic. Mariana Leconte

 

En lugar de hablar de la estructura del libro, me interesa, para iniciar esta presentación, tomar algunas tesis del libro, y reflexionar aportando a su comprensión algunas consideraciones.

La primera tesis afirma que el ARTE se ha hecho esencial en la constitución de nuestra contemporaneidad.

Siguiendo a Heidegger, se sostiene que el sentido actual del acontecer de nuestra historia es un sentido estético. Y que, por lo tanto, cuando nos enfrentamos con el arte no estamos intentando acceder simplemente a un ámbito o expresión más de la cultura, sino a la expresión fundamental en que el sentido de nuestra historia se está jugando. Es con esa intención, con esa mirada, que es necesario abordar este libro, reconociendo que es el sentido mismo de nuestra historia lo que aquí está en juego. En esa dirección, comprender el arte desde un pensar adecuado nos va a permitir introducirnos en ese sentido acaeciente de nuestra historia contemporánea.

En la primera parte, el libro aborda las culturas y estéticas de vanguardia para pasar, después, a la relación de esas estéticas de vanguardia con la estética mediática, con los medios masivos de comunicación.  

La segunda tesis del libro que me interesa considerar se refiere precisamente a los medios masivos de comunicación.

Los medios de comunicación son considerados por el autor como obra de arte, es decir, no como meros instrumentos, ni como meros objetos, sino como obra artística en que acaece el sentido de nuestra historia actual. De este modo, los medios de comunicación, no aparecen en el texto como instancia meramente comunicativa –que es la visión más corriente-, sino como una instancia generadora de una nueva forma de vida y, por lo tanto, como obra de arte.

Una tercera tesis del libro piensa al sentido de la vida como lo que realmente hace historia.  Así como en la Antigüedad hizo historia el sentido trágico de la existencia, en la Edad Media hizo historia el sentido metafísico de la existencia; el sentido actual –estético- de nuestra existencia estaría haciendo historia en los medios de comunicación como obra de arte. En efecto, el lenguaje artístico hoy más influyente es justamente el ligado a la reproducción técnica de objetos, al cine, al video clip, a la radio, a la televisión, a las redes virtuales, etc. Es decir, los medios de comunicación son una manifestación cultural y estética propia del sentido contemporáneo de la existencia. 

Como aporte para la consideración de estas tesis, es importante, a mi criterio, la referencia a la hermenéutica ontológica de Martin Heidegger, en tanto descubro en ella uno de los supuestos que las atraviesan.

En el libro Provocando lo sagrado de Javier Sanguinetti, sostiene él que Heidegger “es el representante más destacado de la estética ontológica”, y que la estética ontológica es una forma de acceso y una clave de comprensión que va a estar presente en ese libro [1] . Particularmente, sostengo que está también muy presente en el libro que presentamos hoy.

Por todo esto, antes de ver por qué se considera en este texto a los medios masivos de comunicación como obra de arte, veremos cómo entiende Heidegger a la obra de arte.

Heidegger sostiene que la esencia del arte es el ponerse en obra la verdad de lo existente [2] . Porque en la obra de arte, la obra, en cuanto es realmente obra de arte, pone en obra, estabiliza ese acaecer de la verdad, que sucede desde una fuente abisal. Por eso, el arte es un vehículo privilegiado de transporte a ese sentido del ser. El arte nos coloca inmediatamente en ese sentido del ser. Es privilegiado en relación a otras actividades humanas, a otras expresiones, a otros andares del hombre. Sólo el arte en cuanto tal, y en cuanto obra como obra de arte, nos pone, así, inmediatamente ante el sentido del ser. Nos instala, de entrada, en una actitud hermenéutica que es la apropiada, la que nos permite acceder a ese sentido, pues ese sentido se escapa a determinadas miradas. Y por eso, dice Heidegger, que en la historia occidental ha quedado en el olvido el sentido, la mirada occidental ha tendido a quedarse con el ente, a objetivar la realidad, desde un pensar conceptualizador, fijador, que mata la temporalidad y el acaecer, y que, por tanto, ha perdido de vista lo que acaece.

En cambio, la obra de arte nos coloca inmediatamente ante el sentido. Pero el sentido del ser es un sentido que aparece y se oculta al mismo tiempo. No es un sentido que se pueda apresar, sino que nos atrae desde ese ocultamiento. El fundamento que se manifiesta en la obra de arte, y al que uno puede acceder desde ella, es un fundamento abisal, es un abismo. El sentido del ser acaece desde un abismo, (que Heidegger nombrará con distintas expresiones como: “comarca”, “libre amplitud”, “morada”, “retraimiento”). Y desde ese retraimiento el abismo atrae.

El artista, de algún modo, es mensajero de esa fuente, pero de una fuente que el hombre común no ve. Ese es el dolor del artista o el gusto a la vez dulce y amargo de ser el que provoca el sentido para que el sentido se muestre, pero, al mismo tiempo, el hombre común no ve la fuente desde la que el sentido se muestra. No ve esa fuente porque no se instala en el lugar, no se instala en el estado de ánimo con el cual se puede acceder al acercamiento o al alumbramiento de ese sentido del ser. El arte señala hacia ese sentido, hacia esa fuente desde la que acaece el sentido. Dice Heidegger y cito:

“A lo que sólo da noticia de sí mismo apareciendo desde su auto-ocultación, a eso sólo podemos corresponder señalándolo y, con ello, encomendándonos nosotros mismos a dejar aparecer lo que se muestra en su propio estado de desocultamiento” [3] .

Es decir, el pensar que señala, que indica, que se acerca señalando, es el pensar adecuado a este acaecer que se muestra desde su ocultación. Es por esto que el señalar del arte es el adecuado: precisamente por ser un señalar, por señalar hacia lo que se retira, que nos atrae en ese retirarse.

Heidegger significa un nuevo comienzo del pensar en la filosofía, un paso hacia otro pensar, un paso de un ser entendido tradicionalmente como eternidad, necesidad, identidad e inteligibilidad, al pensar el ser como gratuidad, como historia, como tiempo, como libertad, como diferencia, como misterio. Afirmar este ocultamiento desde el cual el ser se muestra es afirmar el misterio.

Y por eso, el pensar adecuado a ese misterio, el pensar adecuado a ese acaecer de la verdad, no es el pensar que se retira reflexivamente de ese acaecer, y por ello del tiempo, el pensar que mira desde lejos y que objetiviza, y se coloca como sujeto separado frente a una realidad objetivada; sino el pensar que se mantiene junto a ese acaecer y que puede, permaneciendo allí, descubrir sus estructuras ontológicas.

Ese es el pensar necesario. Y la obra de arte nos permite acceder a ese pensar en tanto nos coloca en el estado de ánimo desde el cual ese pensar es posible. Nos coloca inmediatamente junto a ese acaecer del ser.

Así, pues, los medios de comunicación (y ahora podemos entenderlo quizás mejor), son obra de arte –es la tesis fuerte y polémica del libro-, porque están poniendo en obra, hoy, la verdad de lo existente, el acaecer de la verdad epocal, el sentido de nuestra existencia contemporánea.

Hoy los medios de comunicación son el vehículo privilegiado a ese acaecer de la verdad de nuestra época. Nos ponen inmediatamente en ese sentido contemporáneo del ser.

El que no veamos hoy en ellos la fuente de ese sentido es probable que se deba a que  no nos instalamos en el estado de ánimo y en el lugar desde dónde esta fuente puede hablarnos, puede avistarse. Y para hacerlo, hemos de pensar desde ese pensar localizador, que se instala, que permanece junto a ese acontecer, y que corresponde a ese acontecer en la ESCUCHA, en el OIR a esa dación de sentido.

De este modo, poder comprender a los medios de comunicación como obra de arte, y poder en este respecto, escuchar el sentido de nuestra existencia que se está manifestando -y que quizás no podamos comprender hasta que no pase, hasta que no termine de cristalizarse, e incluso recién cuando ya no acaezca más como sentido-, poder tocar ese sentido de nuestra existencia contemporánea implica, pues, colocarnos en ese estado de serenidad, desde el pensar que escucha y que responde -y corresponde- a esa dación gratuita de sentido, desde la cual el hombre puede realmente apropiarse de sus posibilidades y asumir el sentido trágico de su existencia.


[1] Cfr. Javier O. Sanguinetti, Provocando lo sagrado I. La dimensión trágica del ser. Mediarte Ediciones, 1999, p. 20.

[2] Cfr. Martin Heidegger, “El origen de la obra de arte”, en Arte y Poesía, Fondo de Cultura Económica, México, 1958.

[3] Martin Heidegger, “¿Qué quiere decir pensar”, en Conferencias y artículos, Ed. Serbal, Barcelona, 1994.