DILUCIDACIÓN DE CRITERIOS DE INTERPRETACIÓN HERMENÉUTICA A PARTIR DE PAUL RICOEUR SOBRE ALGUNOS TEXTOS DE OLGA OROZCO
Una simbólica de la infancia
1.1. Introducción. Presentación del problema del decir discursivo y del pensar filosófico sobre la tentativa de la Poesía en cuanto tal.
Pronunció Olga Orozco, en su Discurso de recepción del Gran Premio Fondo Nacional de las Artes, que la poesía, en su representación total, es inaprensible. Por eso aquí no intentaremos abarcar a la Poesía en ninguna definición. Sí, en cambio, unas miradas en perspectiva, o acaso algún parpadeo, como decía ella entonces, alguna imagen insuficiente y precaria.
Es improbable que un lector sutil pueda salir del asombro al transitar los territorios deslumbrantes de Olga Orozco. Así como ella se vive a sí misma en clave de un enigma impreciso y a la vez fulgurante, en su poética, la existencia humana en su totalidad se torna enigma prodigioso. Para ella, la falta de certezas con respecto a sí misma como punto de partida, lejos de ser un problema concluyente y fatal, es la inauguración de un periplo vital en torno de la Poesía, “en torno de un fulgor”
En el poema Punto de referencia dice la poeta:
He juntado vestigios, testimonios que acreditan quién soy,
credenciales irrefutables como un juego de espejos en torno de un fulgor,
certezas como cifras esculpidas en humo.
Pero, parafraseando aquel discurso de ella (antes citado), la poesía es siempre una tentativa perversa porque es “apenas la aproximación a un centro que siempre se sustrae”, porque “el poeta se obstina en asir una presencia que se le escabulle”.
Hay la aproximación a una presencia, a una centro que siempre se sustrae. Una presencia que puede ser abismo, como aquel que acompañaba a Pascal a la izquierda de sus paseos, o un enigma de luz que encandila y que pertenece siempre al otro lado; que únicamente es soportable por la sombra de este lado. De ahí, la metáfora imposible a toda lógica que nos es dado mirar en el resplandor de la sombras, en el cuento titulado “Los Adioses” :
Aquí todo está hecho para soportar la luz por la sombra que arroja, y su presencia plena sólo se manifiesta en un relámpago, porque no es de este lado.
Este lado y el otro lado y nosotros... sobre esos puentes colgantes tan débiles y tan inciertos. En el “Entre”, en la “Diferencia”, como le gusta decir a Heidegger. Nosotros sobre esos puentes que son las palabras que decimos, los gestos que nos probamos como bienvenida a como despedida, pero siempre en relación de proximidad o de lejanía con respecto a aquel “otro lado”.
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