CONTRIBUCIÓN DE RAYUELA DE JULIO CORTÁZAR
AL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO
Lic. Luis María Etcheverry
Introducción
Lo primero y primordial en Rayuela es la quemadura del Fuego. Lo de buscar nombres, explicaciones, mediaciones viene después. Así comienza la novela:
Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos.
Para interpretar al Fuego buscaré analogarlo bajo distintos respectos al concepto de deseo metafísico de Emmanuel Levinas. En el cumplimiento de este primer objetivo a lo largo del desarrollo residirá el rendimiento de la tesis propuesta. Un objetivo más amplio me propongo al indagar y mostrar cómo el experimento estético literario de Rayuela intentó una ruptura del pensamiento de la totalidad para abrirse al pensamiento de la diferencia y la alteridad, a tono con las vanguardias filosóficas más fecundantes de su tiempo. Por ello en este trabajo me sirvo del paralelo con su contemporáneo Emmanuel Levinas. Ciertamente no tengo yo la capacidad de valorar en su magnitud la influencia del aporte que significó Rayuela para el Pensamiento Latinoamericano y el enriquecimiento de nuestro ser argentino. Aquí lo dejo como pregunta, la cual debe estar seguramente contestada en la extensa! bibliografía crítica que se ha publicado sobre nuestro escritor. Otro punto a desarrollar sería la tematización de lo argentino en Rayuela en cuanto heredera del tango. Tanto en su temple emotivo como en sus mimesis temáticas: el extranjero , la nostalgia de Europa, amores contrariados, pérdida o ganancia del exiliado, el desengaño, el retorno, la aceptación.
El Deseo Metafísico.
En una primera caracterización el pensador francés distingue al deseo metafísico del deseo común en su intención:
El deseo metafísico tiene otra intención: desea el más allá de todo lo que puede simplemente colmarlo. Es como la bondad: lo Deseado no lo calma, lo profundiza.
Por otro lado, hay que atenerse a la sugestión poético-metafísica de Heráclito. En Rayuela se puede rastrear la íntima apropiación que hizo Cortázar de aquel pensador nada Oscuro. Quiero decir: sería muy difícil hacer una interpretación integral de la novela obviando los planteos metafísicos y existenciales que inauguran, dan cuerpo y "clausuran" la primera parte titulada Del lado de allá. Ésta se inicia en el paratexto del capítulo 73 (primero a ser leído) y se completa en el capítulo 36. Ya desde el comienzo está planteado, en mi opinión, el leit motiv de la novela: la sed de trascendencia. Pero releamos la primera cita de Rayuela para relacionar el Fuego con el deseo metafísico.
Es evidente que el Fuego no es cualquier fuego. Es el Fuego heracliteano. Cortázar lo describe como algo sordo, sin color, sin imagen y yo agrego: algo sin referencia, sin relación a lo conocido, sin reducción a un concepto: es decir, absoluto; y acercándolo a Levinas, como lo Absolutamente Otro.
El monólogo interior comienza con una concesión. Seguidamente, la pregunta, la más inquietante de todas: "Sí, pero quién nos curará del fuego sordo..." o más adelante "cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue... ", o con menos poesía y mitigando la nostalgia: ¿quién nos curará del Deseo Metafísico que nos traspasa, constituye y destruye? La misma tensión o aspiración que describe Levinas y que no podrá ser resuelta según la dinámica del deseo común:
Fuera del hambre que se satisface, de la sed que se calma y de los sentidos que se aplacan, la metafísica desea lo Otro más allá de las satisfacciones, sin que sea posible realizar con el cuerpo algún gesto para disminuir la aspiración, sin que sea posible esbozar alguna caricia conocida, ni inventar alguna nueva caricia. Deseo sin satisfacción que, precisamente, espera el alejamiento, la alteridad y la exterioridad de lo Otro.
La persecución de lo Otro. Autóctono vs. extranjero.
Pero vayamos respondiendo a posibles objeciones: ¿ese Fuego es equiparable a lo Absolutamente Otro? ¿no es una "pasión inútil", inmanente y subjetiva? ¿tiene ese Fuego la nota positiva de exterioridad, de alteridad absoluta que exige Levinas para la ruptura de la Totalidad? Acaso podríamos responder que sí, aunque haya un intento de Cortázar de resolver la distancia:
No podré renunciar jamás al sentimiento de que ahí, pegado a mi cara, entrelazado en mis dedos, hay como una deslumbrante explosión hacia la luz, irrupción de mi hacia lo otro o de lo otro en mí, algo infinitamente cristalino que podría cuajar y resolverse en luz total sin tiempo ni espacio. Como una puerta de ópalo y diamante desde la cual se empieza a ser eso que verdaderamente se es y que no se quiere y no se sabe y no se puede ser.
Aún siendo un creador más allá de todo sistema filosófico, Cortázar (o más propiamente su personaje Oliveira) se muestra como heredero de las problematización de la época moderna. Insatisfecho de las totalizaciones ideológico-religiosas de las que escapa al irse de Buenos Aires y luego empapado de la corriente existencialista francesa, nuestro escritor se sabe en el intento de sobrellevar y trascender la conciencia de separatidad. Sabe que el engaño de las Totalizaciones satisfechas de la tradición, la cultura y las costumbres no alcanzan porque provienen y retornan al término inmanente e idéntico de la subjetividad humana. Cortázar duda explícitamente, por boca Oliveira, de las Totalizaciones que con el nombre de Unidad parecían barajarse como vanguardias filosófico-religiosas en la Argentina de su juventud:
La cuestión de la unidad lo preocupaba por lo fácil que le parecía caer en las peores trampas. En sus tiempos de estudiante, por la calle Viamonte y por el año treinta, había comprobado (...) que montones de tipos se instalaban confortablemente en una supuesta unidad de la persona que no pasaba de una unidad lingüística [habladuría del uno heideggeriana] y un prematuro esclerosamiento del carácter. (...) Y así el deber, lo moral, lo inmoral y lo amoral, la justicia, la caridad, lo europeo y lo americano, el día y la noche, las esposas, las novias y las amigas, el ejército y la banca, la bandera y el oro yanqui o moscovita (...) algo que no se vive ni se analiza porque es así y nos integra, completa y robustece.
Razón que podría justificar la motivación vital de exiliarse a París, donde encontraría una libertad más acorde a su potencial creativo en las corrientes de pensamiento y los modos de vivir menos sujetos a una tradición sociocultural demasiado anquilosada. Podemos advertir la misma objeción de Levinas sobre el esquema dicotómico Unidad-multiplicidad, Eternidad-tiempo, Infinito-finito, caída-redención:
Para esta lógica, la multiplicidad es una caída de lo uno o de lo Infinito, una disminución en el ser que cada uno de los seres múltiples, debería superar para volver de lo múltiple a lo uno, de lo finito a lo Infinito. (...) No consiste en reconstituir (...) el todo del ser perfecto del cual habla Aristófanes [en el Banquete]: ni volver a sumergirse en el todo abdicando en lo temporal, ni al conquistar el todo por la historia.
Retomando: la cuestión de la conciencia de la separatidad del Mismo que vive el personaje Oliveira y la necesidad de aceptarla, sobrellevarla y trascenderla hacia lo Otro está dentro de lo que yo sigo interpretando como el leit motiv de la obra. La comprensión de ese estado podría caracterizarse como el estado de arrojado heideggeriano:
El "mundo" ya no puede ofrecer nada, ni tampoco la coexistencia de los otros. De esta manera, la angustia le quita al Dasein la posibilidad de comprenderse a sí mismo en forma cadente a partir del "mundo" y a partir del estado interpretativo público. Arroja al Dasein de vuelta hacia aquello por lo que él se angustia, hacia su propio poder-estar-en-el mundo.
La angustia ante esa constatación está presente como temple anímico en Oliveira a lo largo de toda la obra. Por ejemplo:
¿Quién estaba de vuelta de sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás?
Sin embargo, a diferencia del condicionamiento que puede limitar a un humanismo ateo que se cierra sobre sí mismo, sobre el Mismo, o de un cristianismo ideologizado por esquemas totalizantes, Cortázar-Oliveira espera el advenimiento de lo Otro como término absoluto:
La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro.
De forma similar nos propone Levinas una relación con lo Otro en la cual no se puede ni debe intentar totalizar la relación hacia ninguno de los dos términos:
Nos proponemos describir en el desarrollo de una existencia terrestre, de la existencia económica como la llamamos, una relación con el Otro, que no acaba en una totalidad divina o humana, una relación que no es una totalización de la historia sino la idea de lo infinito. Tal es la metafísica misma.
La revelación al Mismo a partir de lo Otro.
En el transcurso del argumento de la primera parte de la novela Del lado de allḠCortázar traza los intentos de acceso a lo Otro del anti-héroe argentino Oliveira. Conoce a la Maga, personaje con el que se da una relación especialísima y un aprendizaje (o un des-aprendizaje) de horadación del Misterio y que intentaré dilucidar más adelante. Junto a ella Oliveira se integra al "Club de la Serpiente", que vincula a un conjunto bohemio de artistas extranjeros. A través de un entramado de anécdotas sencillas, de encuentros callejeros azarosos, de reuniones de jazz, de algún extraño velorio, del deambular lúdico por una París que se vuelve una metáfora infinita, de diálogos donde se muestra la erudición ecléctica que converge o diverge, de situaciones y personajes que se vuelven absurdos, humanos, geniales, frágiles, sensibles, creativos, todos evasivos de la Gran Costumbre, in!saciables de persecuciones de lo Otro..., con todo ello se va inventando como fruto del Deseo Metafísico esa metáfora humana que es Rayuela, y es París como lugar de exilio, de intemperie, de posibilidad del don. Metáfora, por cierto, ya esbozada desde el primer capítulo (73):
Así es cómo París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos. Nos arde un fuego inventado, una incandescente tura, un artilugio de la raza...
Pero quien encarna hasta el último capítulo de la Primera Parte la destrucción deliciosa del Mismo es Oliveira. Allí dice: "Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo. Irremesiblemente." Pero junto con Levinas sabemos que hay que contar con el Mismo como término absoluto. También Cortázar lo sabe: "Había que saber estar solo y que tanto querer hiciera su obra, me salvara o me matara..." O como lo dice Levinas :
La conversión del alma a la exterioridad o a lo absolutamente otro o a lo Infinito no se deduce de la identidad misma de esta alma, porque no es la medida de esta alma. La idea de lo infinito no parte pues de Mí, ni de una necesidad en el Yo que mide exactamente sus vacíos (...). La idea de lo Infinito se revela, en el sentido fuerte del término.
Pero ¿cabe interpretar del capítulo 36 una revelación de este tipo? ¿hay el rostro como desmesura medida por el Deseo? ¿es realmente ética? ¿hay lo extranjero, el rostro del pobre, la desnudez a la intemperie? Me arriesgo a contestar que sí.
Hay por de pronto un planteo explícito de la presencia del Deseo:
Y aunque deseo fuese también una vaga definición de fuerzas incomprensibles, se lo sentía presente y activo, presente en cada error y también en cada salto adelante, (...) la nostalgia vehemente de un territorio donde la vida pudiera balbucearse desde otras brújulas y otros nombres .
Deseo cuya revelación (de lo Deseado) es nombrada mágicamente por Oliveira con la palabra Kibbutz del deseo:
Kibbutz; colonia, settlement, asentamiento, rincón elegido donde alzar la tienda final, donde salir al aire de la noche con la cara lavada por el tiempo, y unirse al mundo, a la Gran Locura, a la Inmensa Burrada, abrirse a la cristalización del deseo, al encuentro.
Revelación que se espera como acontecimiento y que Oliveira recuerda como advertencia de Heráclito: "sólo el que espera podrá encontrar lo inesperado."
Hay también el rostro de la clocharde que lo recibe como el nuevo, como el nuevo en conversión a la intemperie. Y entonces se da el mutuo reconocimiento en la indigencia:
El nuevo le dijo que también él la conocía de alguna parte, y a los dos les gustó mucho reconocerse a esa hora de la madrugada.
Hay por cierto, una purificación que podría llamarse estético-moral por vía del extremo opuesto , absurdo y miserable. Levinas habla de "la desnudez del cuerpo experimentada en el pudor, que aparece a otro en la repulsión y el deseo" Y en esa clave puede leerse el encuentro corporal con la clocharde, dice Cortázar: "Deseducación de los sentidos, abrir a fondo la boca y las narices y aceptar el peor de los olores, la mugre humana" Análogamente, Levinas: "El extrañamiento que es libertad, es también extrañamiento, miseria. (...) El Otro, el libre es también el extranjero. La desnudez de su rostro se prolonga en la desnudez del cuerpo que siente frío y vergüenza de su desnudez."
Entonces se da la revelación, insospechada, al final del capítulo 36, escrito de forma confusa para quien no pueda entender que más allá de la divergencia aparente se está dando la mayor convergencia, la curvatura del espacio que desvía la distancia en elevación, que no falsea el ser sino que hace posible su verdad. Permitamos una larga cita:
Todo estaba tan bien, todo llegaba a su hora, la rayuela y el calidoscopio, el pequeño pederasta mirando y mirando, oh Jo, no veo nada, más luz, Jo. Tumbado en el banco, Horacio saludó al Oscuro, la cabeza del Oscuro asomando en la pirámide de bosta con dos ojos como estrellas verdes, patterns pretty as can be, el Oscuro tenía razón, un camino al kibbutz (...) la gente agarraba el calidoscopio por el mal lado, entonces había que darlo vuelta con ayuda de Emmanuèle y de Pola y de París y de la Maga y de Rocamodour, tirarse al suelo como Emmanuèle y desde ahí empezar a mirar desde la montaña de bosta (...) y de la Tierra al Cielo las casillas estarían abiertas...
Conclusión: Discurso ético y poético como producción de sentido.
Levinas afirma:
La experiencia absoluta no es develamiento sino revelación: coincidencia de lo expresado y de aquel que expresa, manifestación, por eso mismo privilegiada del Otro, manifestación de un rostro más allá de la forma. (...) El rostro es una presencia viva, es expresión. (...) El rostro habla. (...) La manifestación del rostro es ya discurso.
Puesto que desde el comienzo analogué el Deseo Metafísico a la metáfora divina del Fuego heracliteano retornemos allí, para ver cómo ahora el Fuego revela lo Otro en el rostro, y en el Rostro que habla. Porque ahora podemos decir que Rayuela es un diálogo tras otro con rostros, con el Rostro, en busca de la Trascendencia. Acaso el rostro que más interpela a Oliveira desde una lejanía progresiva y a nosotros mismos, lectores serios, adultos, analíticos es la Maga porque en ella se da inocentemente el gozo de una vida volcada hacia la exterioridad del Misterio:
Hay río metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella nos nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde un puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.
Pero retomemos a Levinas en sus conclusiones para ver cómo en el discurso se da la producción del sentido de la existencia:
En el lenguaje la exterioridad se ejerce, se despliega, se efectúa. (...) El desbordamiento de la exterioridad inadecuada a la visión que la mide aún. Constituye precisamente la dimensión de la altura o la divinidad de la exterioridad. La divinidad guarda las distancias. El Discurso es discurso con Dios y no con los iguales (...). La metafísica es la esencia de este lenguaje con Dios, conduce por encima del ser.
En esa actitud de diálogo podemos escuchar , ahora, la voz grave de otra paciente jugadora del Misterio, nuestra prodigiosa Olga Orozco :
Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada,
traduciendo relámpagos, desenhebrando dinastías de voces,
bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.
Nietzsche dirá en La Gaya Ciencia que lo que vuelve heroica la vida es ir al mismo tiempo al encuentro de su supremo sufrimiento y de su suprema esperanza. Y a ese heroísmo nos invita Cortázar desde el inicio de su Rayuela:
Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.
Y desde ese dulce padecimiento nos queda hacer el intento, como Olga Orozco, de traducir relámpagos o desenhebrar dinastías de voces. Nos queda tomarnos en nuestras propias manos e inventarnos más allá de nosotros, ética o estéticamente, esas dos caras de una misma salvación. Como lo dice Cortázar:
Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas.