GLOSAS POIÉTICAS
Lic. Luis María Etcheverry
Tengo para mí que un poeta es alguien que como quería Rimbaud se ha dado al “desarreglo de los sentidos”; alguien que padece la explosión y el estallido de lo cotidiano, la rasgadura de la opacidad de la vida por la vía del tedio y la desilusión y el desengaño, por la vía del semisueño, de la debilidad y también de la fuerza; es alguien que se debate entre las carencias y los excesos de sentido; el poeta es un ser continuamente a pérdida, una pérdida que, a veces, se trueca en ganancia; una mente de lógicas quebradas, de errores múltiples, de variaciones y desvaríos y errancias interminables, de cansancios amarillos, de risas y llantos y brumas y oscuridades y flashes y memorias de otras vidas e ilusiones de otras vidas y esperanzas de otras vidas siempre más amplias, siempre más desbordadas hacia lo inasible.
El poeta, pienso, es también un ser profundamente superficial: aquel que se vuelve a todo y todo lo transfigura y en Todo es transfigurado, en todo abierto, en Todo unido, en Todo desgarrado. El poeta es un ser discurrente, imposible de vulnerar, imposible también de descubrir porque no hay Nada en él o el Todo le sobreabunda. Al poeta los espejos se le han quebrado y él ya no es él ni tampoco lo que era ni lo que quería ser. Es, en cambio, una ficción, un engaño que va al encuentro de alguna verdad posible o imposible: un engaño verdadero.
Él es por el Todo en el Todo y para el Todo y un nuevo espejo y reflejo y fondo y abismo y turbulencia y nube roja y tormenta inminente y relámpago de oro y paz vertiginosa y peste y guerra y fertilidad y banquete y embriaguez y danza y rito sexual y encuentro amoroso y desencuentro y corrida. Y todo atracción o todo repulsión. El poeta es también un cosmos y un caos: orgulloso hasta la humildad, compasivo, y de a ratos combativo para quien soporte el combate, el combate de la Nada, el combate amoroso: el juego pro-creador. A veces un inquietante ímpetu contenido, a veces invisible, otras incandescente, querido, ahogado, enajenado, entrañado-extrañado, invitado, olvidado, rechazado, malinter-pretado y criticado. Rico y pobre.
También un aristócrata: “el rey de las máscaras”. Un gran estilo. Un Silencio y un Canto: la plegaria a sus dioses y a su Dios; la danza junto a sus dioses y a su Dios. Un testigo. El poeta es un guerrero, un iluminado, un cegado, un fundamentalista, un santo y Dios de a ratos. También un hereje y un sacrílego. El territorio de combate donde arrasan los dioses y los demonios. El clamor y el consuelo tierno, dicho quedamente al oído.
El poeta es una memoria certera de una pocas (demasiado pocas) e invencibles certidumbres. Un Vacío y una Plenitud es el poeta: una múltiple y caótica sobreabundancia de seres en procreación. El dolor inmenso de la contradicción, la tensión insoportable de la lucha de todos los opuestos. Es la ambigüedad caminante. Es el viajero, el extranjero que habla lenguas de tierras inhóspitas, el huésped inesperado de algún corazón en agonía. Es también el anfitrión, siempre!, para quien soporte los lujos impensables de los palacios festivos, que son su alma, que son el mundo, que son nuestro mundo!
Es el Deseo: un múltiple e infinito Deseo que se ahonda en el abismo de lo Deseado. Es también la inconformidad y la quietud de la inercia en el Espacio. Una mirada, todas las miradas y la ceguera. El vuelo del murciélago en la noche oscurovidente. Una incertidumbre. El galope desbocado de atropelladas sensaciones. Un cuerpo que no se sabe y se busca y se disfruta y se padece y se da su propio parto en las manos de otros seres y mil ojos abiertos a esos cuerpos abismados en un mismo Abismo de piel lumínica, de estremecimientos orgásmicos en la sacudida de una Eternidad avasallante y enamorada de todos los tiempos.
Por último, el creador es un escándalo viviente: “despreocupado, irónico y violento”. También es un destino, un karma. Un escarnio feliz y por qué no la levedad inocente de un juego de la infancia. Una fisura que se abre en la tierra, que a cada paso se abre como un precipicio y destruye todos los caminos y siembra en cada abismo una semilla, para luego ir a buscar hacia el vértigo de un borde nevado la Flor Azul y un nuevo desborde.