DIáLOGO ENTRE EL POETIZAR Y EL PENSAR.
Contribuciones a una hermenéutica
de la poética esencial argentina.
Texto de defensa de la Tesis de doctorado
Dr. Luis María Etcheverry
¿Qué sería aquí una defensa de tesis?
En el transcurso de estas investigaciones fui advertido de algo que me gustaría asumir como hábito pensante: que aquello por lo que preguntamos al cuestionarnos el ser no va –no debería ir, nos recuerda Arturo Leyte (1)– en busca de una “posición”, de una “tesis”. Con respecto a Heidegger, estaríamos desorientados si leyéramos su “obra” como el intento de una destrucción de la tesis griega del ser para construir otra mejor sobre sus ruinas. Tachar el ser mienta otra cosa, abre otros caminos. La pregunta pues no es por el ser sino por el sentido del ser. Él mismo dirá un poco más tarde “verdad del ser” como Ereignis y luego, andanza por las localidades o regiones del ser. En efecto, la localidad del ser en la obra poética acontece de modo tal que toda pretendida “posición” queda instantáneamente des-ubicada, des-localizada.
Presentación general. Sobre el método.
La motivación general de la tesis surge de una experiencia poética fundamental. Por ella nos vemos provocados a pensar la ubicación y despliegue de aquellos lugares poéticos que, para nosotros, se vuelven esenciales. A esa tarea, a esa meditación nos dedicamos y su estilo –o el ensayo de su estilo– puede condensarse en lo que hemos comprendido por localización. Lo propio de ella es preguntar por la localidad, esto es:la verdad o verdades relativas a la zona de experiencia.
Desde el comienzo de mis estudios en humanidades me familiaricé con un estilo de interpretación literaria y filosófica. Recuerdo que si bien ignoraba las motivaciones de mis presupuestos, me vi llamado a leer la literatura de una manera determinada y no de otras. Estaré siempre agradecido con aquel maestro jesuita que se llama José Luis Lazzarini con quien leímos durante los dos años introductorios a la filosofía los textos claves de la literatura argentina, latinoamericana y universal. Aquella lectura compartida que daba siempre magistral y precisamente con la cosa esencial, ese convocar el mundo del texto y dejarlo venir a nuestro encuentro resultó ser el estilo modélico de lo que todavía hoy comprendo por interpretación. Más aún, gracias a aquella primera experiencia explícita con la palabra poética pude recuperar ya sin reparos el sabor primero de la inmersión en ese caótico y alucinante “Aleph” de las lecturas infantiles y juveniles. Este estilo tuvo y tiene su continuidad junto a otros pocos maestros a través de los cuales se abre cada vez, de un modo peculiar y originario, tanto el legado de la tradición como el acontecimiento poético contemporáneo. Por eso quisiera en lo que sigue tematizar algunas de las indicaciones que, sin olvidar aquel sabor primero, harían posible un rendimiento mayor para nuestro “método” de interpretación.
Para una orientación general me guiaré con algunos textos clásicos de la bibliografía que constituye los fundamentos de la hermenéutica filosófica. En cambio, para atender con más precisión a las convergencias y divergencias que llevan el camino heideggeriano desde una fenomenología hermenéutica hacia lo que el llamó una localización o dilucidación –Erörterung–, confrontaremos de manera pensante los textos más significativos de Hans-Georg Gadamer, Paul Ricoeur y Martin Heidegger. De cara a futuras investigaciones queremos problematizar aquí el “método”, porque entrevemos –por eso la advertencia de las comillas– que en el círculo de la interpretación tal cuestión “metodológica” es solamente una señal hacia horizontes que la exceden y le reclaman una nueva experiencia pensante con el lenguaje y con la obra de arte que dice al ser. Esto alude a aquello que sale al encuentro del pensar en el diálogo entre Martin Heidegger y la poesía.
En nuestro caso, lo que inquieta la pregunta es una cierta constelación de mundos literarios que acontecen históricamente en esa región hermenéutica que nombramos como argentina y latinoamericana. Nuestra mirada apunta a que esa región nos es destinada de un modo singular y situado, en tanto pertenece al mismo evento que Heidegger piensa como destino para Occidente. A grandes rasgos el evento consiste en pensar la consumación de lo abierto por el primer comienzo griego frente a la posibilidad de inauguración de otro comienzo para la historia occidental. En tal sentido, creemos posible apropiarnos de lo mismo que también alcanza a nuestro pensar latinoamericano, pero ciertamente no de igual manera. De ahí entonces nuestro desafío: ir al encuentro de las posibles configuraciones abiertas por ciertas obras esenciales de nuestra tradición literaria argentina; localizar allí los sentidos metafísicos y el extremo de sus significaciones, y en disposición de escucha dejar hablar a las voces que pertenezcan al tránsito hacia el inicio de otro pensar, presuntamente post-metafísico.
(1) LEYTE, Arturo, Heidegger, Alianza, Madrid, 2005, p. 21.
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