Culturas y Estéticas Contemporáneas
Javier Oscar Sanguinetti
En un esfuerzo conjunto Mediarte Estudios y Jorge Baudino Ediciones presentan el texto Culturas y Estéticas Contemporáneas, un texto pensado para el docente, siguiendo los contenidos sugeridos por el Ministerio de Educación de la Nación.
Cultura y estéticas y el género de vida contemporáneo
Entrevista con Javier O. Sanguinetti
¿Qué lo llevó a escribir este libro?
En primer lugar hay que decir que soy artista plástico y que desde siempre me interesó el arte en todas sus manifestaciones. Paralelamente fue creciendo en mí un interés menos práctico y más historiográfico y crítico. Quizá lo que me llevó a estas especulaciones fue la misma incapacidad o impotencia que me asaltaba al querer comprender mis propias producciones, por cierto sumamente tortuosas. De hecho jamás pude ponerle un título a una sola de mis pinturas. Es decir, estaba negado para un trasbasamiento del discurso visual al lingüístico. Toda esta experiencia me llevó entonces a estudiar filosofía (en el mismo Consudec), para luego especializarme en filosofía del arte.
En este trayecto, y ya como docente terciario o universitario, hice tempranamente un vuelco productivo, y pasé de crear obras plásticas a escribir todo aquello que consideraba digno de ser enseñado en mis clases. Así fui acumulando por más de 15 años gran cantidad de material que sirvió luego para la publicación de mi primer obra en torno a Lo trágico en el arte .
Sin embargo y hablando de este libro concreto, sólo podía surgir dentro del contexto de los acontecimientos terribles que le ocurrieron al país recientemente. Hasta este momento decisivo, mis reflexiones como las de un grupo de estudio al que pertenezco hace más de 10 años, no pasaban de ser especulaciones académicas sin mucho compromiso con los problemas reales de nuestra gente. Así es que, a partir aquel momento nos pusimos a pensar qué podíamos, como grupo, aportar para un cambio de actitud frente a los problemas políticos y sociales argentinos. Así llegamos a la conclusión de que lo único que sabíamos hacer era pensar, escribir, dar cursos, es decir, ser lo que somos, básicamente, docentes de arte y filosofía.
Nace entonces una reflexión sobre todo aquello que puede necesitar la educación nacional. Yo mismo estaba dando clases en una modalidad como es Arte, Diseño y Comunicación, donde falta una bibliografía seria, en especial para el docente. Logré entonces embarcar a parte del grupo y a un editor arriesgado, y nos pusimos a escribir en torno a materias en que las editoriales grandes no se han preocupado, como son lo CBC y en especial los CBO de esta modalidad; y bueno, aquí estamos con el primer tomo: Culturas y estéticas contemporáneas, antes de fin de año saldrá Imagen y Contextos, luego el texto de Comunicación, etc. En preparación tenemos dos textos de filosofía, uno de diseño y otro de lenguaje artísticos. Es decir, nació lo que hemos llamado Red de Textos Modalizados en Arte, Diseño y Comunicación.
Sin embargo esta obra no parece propiamente un manual de textos sino que tiene las características de un libro en sentido clásico. ¿Cuál es la razón de volver a este formato en la escuela?
Bueno, lo que ocurre es que entre los planteos que nos hicimos estaba la cuestión de si era necesario otro manual. Entonces creímos que este género discursivo escolar estaba agotado, que predisponía a una lectura demasiado automática y vinculada con el estudio y no con el disfrute. Dentro del imaginario de un manual siempre está de fondo un examen. Esto predispone mal al alumno. A su vez el manual no parece tampoco dar información pertinente a un profesor, no se cuestionan las cosas a fondo. La carga de imágenes va muchas veces en detrimento de la información, que nos sigue importando y más cuando se trata de cuestiones de cierta actualidad. Las argumentaciones, los contextos históricos, las teorías y herramientas de ingreso a los problemas del arte contemporáneo están en general ausentes de estos textos, y nos dejan afuera de una metacognición.
Consideramos que teníamos que preparar a nuestros alumnos para una lectura más compleja, tan compleja como el asunto mismo que tratamos. Esto haría posible que, algún día, puedan disfrutar de una novela o no se espanten ante la bibliografía universitaria. Hasta ahora hemos tenido buena recepción por eso vamos a seguir con la idea del libro en la escuela y ya no más el manual. El libro tiene un prestigio que lleva, en este caso, a interesar a cualquier amante del arte o la comunicación contemporánea. De esta manera el padre de un alumno también puede compartir con su hijo o con el profesor un material de cátedra, sin sentirse que vuelve a la infancia.
En definitiva, es la mediación del docente lo que hace de este libro un texto útil en el aula.
¿Cómo definiría usted los problemas más urgentes que hacen a las culturas y a las estéticas contemporáneas?
En líneas muy generales el libro busca hacer comprender el sentido de la vida contemporánea desde los emergentes artísticos más destacados de este siglo. Consta entonces de tres partes. En primer lugar las llamadas vanguardias (tanto plásticas como literarias, música, danza, diseño), luego los medios de comunicación considerados como géneros o lenguajes artísticos típicos de nuestra época. Finalmente una tercera parte dedicada a recorrer una serie de herramientas teóricas que hagan posible abrir a una interpretación actualizada y más rica de estos géneros artísticos contemporáneos.
Quizá lo más destacable es el esfuerzo por hacer coincidir la experiencia de los tradicionales lenguajes y géneros artísticos, con los altamente tecnificados como la radio, el cine, la televisión, etc. A su vez se intenta romper con cierta dicotomía entre el sentido del arte que inauguran las vanguardias y el sentido que mana de los llamados medios masivos de comunicación.
¿Qué tienen en común estos lenguajes tan dispares como son la plástica o la literatura de vanguardia y los medios de comunicación?
La tesis fundamental de este libro es que tanto las vanguardias artísticas como las mediaciones comunicacionales masivas comparten nada menos que un mismo sentido de la vida emergente del conflicto creado por la técnica maquinista de mediados del siglo XIX y que evoluciona hasta nuestro actual estado de interacción cibernético, digital y virtual.
No es casual entonces que comience con una presentación de la tradición estética y cultural de Occidente desde el mundo antiguo hasta el romanticismo, para mostrar el corte que realiza el arte en el siglo XX, justamente aquí, con la irrupción de la técnica. Antes entonces de pensar las artes hago un vínculo íntimo entre arte, ciencia y técnica. Muestro su unidad en otras épocas y en especial en el Renacimiento. Finalmente hago que se desarrolle todo el problema histórico ideológico que surgió como respuestas a la apropiación de este emergente en especial el lugar que ocupó el arte en la asimilación de la nueva técnica.
Lo que tienen en común entonces y en primer término es su emergencia dentro de un mundo técnico. Lo segundo es su esfuerzo por darle un sentido a la vida a este nuevo mundo que con la irrupción de este nuevo tipo de producción creó una serie incontable de cambios, torsiones, desajustes y crisis. Me refiero a cambios sociales, políticos, económicos, estéticos, etc.
Por supuesto que tienen algunas características comunes típicamente contemporáneas como es su polisemántica, es decir, su capacidad para abrir a diferentes interpretaciones, su ser posibles más que actuales en el sentido de que sólo se completan con el acto del espectador o usuario. Otra es su ser antes que nada géneros discursivos dialógicos, quiero decir, que se constituyen en un constante ida y vuelta con el usuario, de ahí la responsabilidad social compartida entre el artista y el público. Su forma final, incluso, está menos ligada con un artista, inventor o productor que con un uso mas bien doméstico, desde donde toman sus determinaciones.
¿Me imagino que, igualmente, tiene que haber muchas diferencias entre el arte plástico y los medios?
Sin duda. Pero en primer lugar no se trata de contraponerlos. En general se hacen para mi gusto demasiadas críticas infundadas a los medios de comunicación y casi siempre en nombre de lenguajes o géneros artísticos más clásicos como la plástica o la literatura. Creo que hay que empezar a mirar a los medios con menos prejuicios y mejores y más actuales criterios de valoración, de esto se trata este libro. Para hablar mal de los medios hay que buscar otro libro, no éste.
Porque además, y en definitiva, también hubo malos pintores, malos literatos, malos arquitectos en todo tiempo, y le puedo asegurar que fueron muchos más de lo que suponemos. Lo que pasa es que la historia los ha relegado al olvido. La memoria es muy selectiva. Nos deja lo mejor y lo más grande. El trasbasamiento de lo creador a lo pedagógico selecciona y crea una tradición que es muy fina. Desde este panorama estrecho de la historia del arte todo tiempo parece ser mejor que el nuestro y sin embargo no es así.
Pero, concretamente, la primer diferencia que yo encuentro entre las obras de vanguardia de principio de siglo y los medios de comunicación es que en aquellos se deja ver con más fuerza su aspecto crítico, tanto formal como de contenido, lo que podríamos llamar aspecto deconstructivo. Momento fundamental para dar cuenta de un nuevo comienzo histórico. En cambio los medios, la música grabada, la radio, la TV. Internet, etc., estuvieron y están siempre en una actitud constructiva, miraron más para adelante, no arrastraron el conflicto típico de todo aquel que es parte de una antigua tradición. Esta diferencia a veces hace pensar que los medios, a diferencia de la literatura o la plástica, es más ingenua cuando se refiere al mundo. Y lo que yo creo es que simplemente es más creativa.
Otra diferencia está en la inmediata popularidad de los medios de comunicación mientras que a las vanguardias tuvieron que sobreponérsele un proceso diferente para alcanzar masividad. Concretamente, después del encuentro conflictivo del Art Nouveau con la técnica. Parece como que las artes se recluyen en su solitario y elitista laboratorio de producción. Sin embargo ya el Art Nouveau permite mostrar cómo desde el comienzo todas las vanguardias no dejaron de tener una actitud que ya se inauguraba en aquel primer enfrentamiento como es la vocación totalizadora del arte, es decir ese interés bastante arraigado en la historia del arte como es el querer que no se separe el arte de la vida. Ahora esta alianza final se da gracias a la definitiva alianza entre ciencia, arte y técnica realizada concreta e institucionalmente por la Bauhaus.
Aquí se deja ver la vocación popular, ético-social del arte. Su interés de refundar un mundo desde una nueva mediación con la naturaleza en donde confluyen la racionalidad, la funcionalidad y la poeticidad de toda hechura humana.
¿Y qué pasa con el arte durante la segunda guerra mundial? ¿Acaso no podríamos decir que fracasa este ideal constructivo de una nueva sociedad, explícito por ejemplo en el expresionismo y de alguna manera manifiesto en el nuevo diseño la nueva arquitectura, la nueva literatura?
Bueno, acá volvemos a otra tesis fundamental; creo que por estos años es cuando Europa entra en su última gran hecatombe y no puede aprovechar este acontecimiento creador de sentido y deja paso a los odios y los totalitarismos que todos conocemos impidiendo que se asiente este nuevo concepto histórico. Esto habla simplemente de que la historia no es tan lineal como creemos ni mucho menos necesaria. En general podríamos decir que los valores que quisieron introducir en Europa las vanguardias eran completamente diferentes a aquellos que llevaron a la primera y la segunda Guerra mundial. Aquí no podemos entrar en detalles. Pero a principios de siglo Europa tuvo una posibilidad y no la supo aprovechar. Creo seriamente que es en este trance donde pierde el tren de la historia y ya no lo retoma nunca más. Incluida la actual coyuntura histórico política mundial que no está justamente protagonizada por ningún país europeo central ni por Europa como una totalidad supranacional.
En este contexto hablo entonces de un corrimiento geográfico espiritual, crono-tópico, desde Europa central hacia América del Norte. Aquí parecen haber un espacio-tiempo más apto para anclar y dar rendimiento a estos nuevos valores, inmediatamente ligados a la creación de riqueza, de valores y de sentido de la vida. No es casual que los medios de comunicación se creen casi en su totalidad en Estados Unidos, no es casual que su uso desde el 1900 sea aquí el más progresista. No es casual que sean ellos los que lideren las posiciones más radicales en los lenguajes artísticos clásicos desde la década del 50. Sin hablar de su influencia planetaria a través del cine ya desde los años 30.
¿Qué pasa con el arte y los géneros clásicos a partir de la llegada de los medios masivos de comunicación?
No podrían entenderse los géneros artísticos clásicos sin la comprensión del lugar que ocupa la radio, la televisión y la interacción computacional en la estética contemporánea. En primer lugar no se trata sólo de mostrar de que hay algo de arte en los medios: películas, novelas, documentales de arte, etc.; sino que su estructura, su forma de existir como ente de artificio semeja sospechosamente muchísimo a grandes géneros predominantes del pasado como la tragedia griega, la catedral gótica, la pintura del Renacimiento o la novela moderna.
Pero eso no es todo. El arte mismo del pasado sólo puede ser comprendido hoy en su comportamiento, su producción, sus efectos, sus sentidos y funciones sociales en general gracias a lo que nos ha enseñado la emergencia misma de las mediaciones como obra de arte contemporánea. Y esto porque, en primer lugar creo que se ha dado en el pasado y se da ahora que hay géneros discursivos artísticos que predominan en cada época y que subsumen dentro suyo otros géneros,
A su vez creo que los otros lenguajes se hibridizan, es decir, toman elementos de este género mayor y más contemporáneo o más protagónico en un tiempo histórico. De ahí que no pueda entenderse la pintura actual, o la literatura, incluso el cine, sin comprender los novedosos mecanismos que se instalaron en la sensibilidad de nuestros coetáneos gracias a la televisión. Éste es sin duda, el género predominante desde la década del 70. A su vez una mirada del arte del pasado también se hace nueva en la medida que los medios nos enseñaron a ver de otra manera el mundo.
¿Por qué es tan importante la diferencia entre géneros artísticos?
Simplemente porque veo una gran correspondencia entre los "géneros artísticos" y los "géneros de vida". Que es en definitiva donde tiene su sede el acontecimiento de ser en el sentido. No hay aquí tiempo para explicitar desde dónde veo yo el arte pero en principio digamos que es una mirada estético-onto-semántica, o más simplemente: Estético ontológica. Es decir, que intenta mostrar cómo el arte es motor de la historia, justamente, porque no sólo expresa el ser sino hace ser a la historia, la orienta, la moldea. Con ello me opongo a creer que sólo la producción material de bienes de consumo y las formas de producción en general sean el motor de la historia. Si esto fuera así, la historia sólo podría ser explicada por métodos o disciplinas sociales, económicas, etnográficas. etc. En este sentido, creo y que la filosofía del arte, la estética, son también indispensables para comprender los derroteros de la historia y para comprender las posibilidades futuras de un pueblo histórico.